Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información
Buscador
HORARIO
Mañanas, de lunes a viernes de 8:00h a 14:30h
Tardes, lunes y jueves de 17:00h a 20:30h

Campo de crisantemos

Pero entonces yo pensé en la soledad del que perece y en el rápido declive del recuerdo.

Y para evitarlo, ahora, escribo lo siguiente:

Van muriendo compañeros del Colegio Oficial de Veterinarios en un goteo mensual que forma el pasar de las cosas.

Y me han causado extremo dolor las muertes de José María Urbano en el pasado mes de febrero mientras yo estaba enfermo
sin conocer la causa de mi enfermedad, que quizás fuese por coronavirus.

Y ahora a final de julio en plena canícula veraniega la de Antonio Amorrich que fue secretario y luego presidente del Colegio
y en su soledad se ha ido.

Pasan las cosas y con ellas como testigo está la muerte en un olvido que crece antes de que pasen los días.

Ambas muertes, anunciadas, como rumor de abeja, se han producido y hacen que mi mente se desdoble.

Tuvimos sueños para los colegiados allá por los años finales del siglo pasado que se hicieron verdades y algunas fabulaciones que se hicieron realidades en tiempos nuestros, de rectores de la vida colegial.

Una de las más importantes y costosas fué el cambio de domicilio al Brillante en tiempos de Antonio Amorrich.

Dejamos de ver a José María mucho tiempo antes de su muerte.

Clausuramos los encuentros en la taberna de El Pisto y con dificultad dos años ante de su definitivo partir nos vimos en una cafetería en Gran Capitán cerca de la casa de José María.

Ninguno de los dos fingía el dolor que sentían.

Vengo a recordar el dolor de Antonio Amorrich que disimulaba destruyendo a la razón y creyendo que su mal era un tren de juguete.

Pepe Urbano al final de su camino poco hablaba y menos se le oía.

Cuando hablé con Antonio durante mi enfermedad la suya fingía.

Hablaba con esperanza, que era pura fantasía.

Creo que los dos, si hubieran fingido el dolor que, en verdad, sentían nos hubieran preparado para su definitiva salida.

Su dolor hubiera sido el nuestro; el de Vicente Pomares y el mío.

Fueron dos excelentes veterinarios que hemos perdido.

José Javier Rodríguez Alcaide




Ir arriba   




Colegio Oficial de Veterinarios de Córdoba. Avda. del Brillante, 69. 14012 - Córdoba. Teléfono 957 76 78 55. Fax 957 34 01 43
Correo electrónico: colegio@corvet.es | Aviso Legal